Los caminos entre las montañas de la parroquia cuencana de Chaucha de nuevo acogen a niños, con mochilas a sus espaldas, en las largas caminatas hacia sus escuelas. Estas imágenes regresaron tras dos años de clases virtuales por la pandemia.
El pasado miércoles 23 de febrero del 2022, Mauricio Guamán, de 10 años, salió a las 05:20 de su casa en Capulí, cuando ni aclaraba el día. Cursa el sexto de básica en la Escuela José Gorelik, de la comunidad de Soldados, que acoge a 35 niños. 12 viven a entre una y tres horas de caminata.
30 minutos después, en Chico Soldado, se encontró con los hermanos Franklin y Juan Zumba, de 10 y 11 años, y más adelante se les unió Analía Sanmartín, de 10. Para eso el cielo ya estaba despejado, pero corría mucho viento.
Los rayos del sol caían con fuerza y todo indicaba que iba a ser un día caluroso. En unas partes caminaban, y cuando bajaban el ritmo y creían que estaban atrasados corrían. Se veían divertidos. “No nos cansamos, porque venimos jugando”, dijo Guamán.
Acortan la travesía por pastizales, cruzan puentes de madera, senderos y escorrentías de agua. En algunos sitios van saludando a los adultos que están atareados en el ordeño. Ese día, en el grupo faltó Ismael Jarama, quien vive más distante que todos, en Minas de Lastre, casi a tres horas. Los estudiantes dicen que están acostumbrados a caminar por los cerros donde pastan los animales.
En estas zonas no hay transporte público. Cuando los estudiantes tienen suerte, los conductores de los tanqueros de leche los traen hasta la escuela, dice Orlando Bravo, padre de familia. Tras dos horas de caminata, a las 07:25, un letrero les anuncia que ya están en la escuela, cinco minutos antes de empezar las clases.

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