"Suicidios colectivos": otro componente de la crisis en las cárceles del Ecuador.



En nueve días, en diferentes áreas de la Penitenciaría del Litoral, 11 presos fueron hallados colgados. Murieron a causa de ahorcamientos y, en primera instancia, los casos fueron asumidos como suicidios colectivos o simultáneos.

El 14 de octubre de 2021, cuatro detenidos fueron hallados colgados de sus cuellos con sogas y prendas de vestir. Estaban en las alas 1 y 2 del pabellón 8 de la Penitenciaría del Litoral, que es controlado por ‘Los Tiguerones’, una de las bandas que se disputa el control de la prisión. Nueve días después, en la zona de visitas íntimas de la misma cárcel, fueron hallados otros siete presos en condiciones parecidas.

Todavía no se ha hecho público a que pabellón o banda pertenecían. Nuevos enfrentamientos en la Penitenciaría del Litoral dejaron tres muertos En ambos casos, el Servicio de Atención Integral a Personas Privadas de la Libertad (SNAI) informó sobre los hechos como presuntos suicidios simultáneos.

Sin embargo, el contexto en el que ocurrieron las muertes ha puesto en duda esa primera hipótesis. Los hechos sucedieron menos de un mes después de la peor masacre carcelaria de la historia ecuatoriana. El 28 de septiembre de 2021, en la Penitenciaría del Litoral hubo 119 presos asesinados debido a la guerra de bandas que se libra en gran parte del sistema carcelario ecuatoriano.

Por esta razón, la Fiscalía abrió una investigación previa para averiguar bajo qué circunstancias ocurrieron esas 11 muertes y quienes estuvieron involucrados. Pero, esa indagación está a la fila en prioridades. Solo en 2021, en las cárceles ecuatorianas ha habido más de 240 asesinatos. Y la Fiscalía ha abierto 23 investigaciones, de las cuales 15 siguen en la fase previa al proceso penal. La práctica no es nueva Los ‘suicidios colectivos’ como una estrategia de los grupos criminales para disfrazar asesinatos no es nueva en las cárceles ecuatorianas. Ocurrió, por ejemplo, en febrero de 2020.

En la Cárcel de Turi, en Cuenca, seis presos fueron hallados en sus celdas. Colgaban de ropa y cuerdas y también se habló de un suicidio. Los crímenes ocurrieron antes del mediodía del 20 de febrero. Aparentemente, no había signos de violencia o tortura.

Las seis víctimas estaban cumpliendo penas por robo, asesinato, secuestro y violación. Eran identificados como miembros de las organizaciones criminales que, en esa época, actuaban en ese centro de detención.

Al igual que en los casos de la Penitenciaría del Litoral, agentes de inteligencia de la Policía Nacional dudaron de la hipótesis del suicidio y empezaron la investigación. Casi 10 días después, la autopsia realizada por Medicina Legal reveló que no hubo tal suicidio simultáneo, sino que se trataba de asesinatos.

Los forenses encontraron rastros de maltrato en los cadáveres y una de las víctimas tenía hígado reventado. Estas son señas comunes de muertes violentas. Además, se identificó doble surco en sus cuellos, que empezaban en la parte frontal y cerraban completamente en la nuca. Dos rasgos que corresponden a suicidios. En ese caso, la Fiscalía también abrió investigaciones, pero todavía no hay responsables.


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